La Península Ibérica tiene algo que pocas regiones del mundo tienen: dos países con identidades muy distintas separados por una frontera que se cruza sin pensarlo, en medio de paisajes que cambian gradualmente pero de forma constante.
Nuestra Gran Ruta Ibérica nació de esa idea: ¿qué pasaría si en lugar de hacer un tour por España o un tour por Portugal, hiciéramos los dos juntos, viajando en autocaravana?
El resultado nos sorprendió a nosotros mismos.
Madrid: el arranque
Salimos de Madrid con dirección oeste. La meseta castellana tiene esa grandiosidad árida que impone. Los campos infinitos, los pueblos de piedra gris, el cielo inmenso. Es un paisaje austero que te pone en modo viaje.
Extremadura: lo que nadie visita
Extremadura es una de las regiones más ignoradas del turismo masivo en España y una de las más ricas en historia. Mérida tiene la mejor colección de ruinas romanas de la Península: el Teatro Romano, el Anfiteatro, el Acueducto de los Milagros. Todo en perfecto estado de conservación, sin las multitudes de Roma.
Cáceres, declarada Patrimonio de la Humanidad, tiene un casco histórico medieval que parece intacto. Calles de adoquín, palacios del siglo XV, torres. Es una de esas ciudades que te quedás mirando y no podés creer que no esté en el top 10 de los destinos europeos.
Cruzando a Portugal
El cruce de la frontera es imperceptible. No hay barreras, no hay control. De repente las señales están en portugués y el paisaje tiene otra tonalidad, más verde y húmeda.
Las primeras ciudades portuguesas que visitamos tienen esa mezcla de tiempo parado y vida cotidiana que hace especial al interior de Portugal. Évora es la joya: un centro histórico romano dentro de una ciudad medieval dentro de una ciudad viva.
Lisboa: el cierre perfecto
Lisboa no necesita presentación, pero siempre sorprende. Los tranvías, el fado que sale de un restaurante a medianoche, el Tejo ancho como un mar. Terminamos el viaje con una cena en el barrio de Alfama viendo el atardecer.
¿Por qué en autocaravana?
Porque la Ruta Ibérica tiene muchos puntos intermedios que no tienen hotel disponible o que están lejos de cualquier ciudad grande. La autocaravana te da la libertad de llegar a Cáceres un domingo a las 7 de la tarde, cuando todos los hoteles de la zona están llenos de españoles de fin de semana, y simplemente estacionar en el área habilitada junto a las murallas.
